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sexta-feira, 8 de fevereiro de 2013

BRAZIL.Eleições 2014 vale tudo até desfilar cara de quimioterapia!

Por: 
“Ya le he dicho a mi mujer: no voy a morir en casa, quiero morir entre la gente”.
La palabra usada por Lula para indicar el lugar donde le gustaría morir es en portugués “palanque”, muy usada entre los políticos. Es la tribuna, generalmente al aire libre, desde donde un político se dirige a la gente y aprovecha para darse un baño de multitudes.
Lula en tre la gente
Y nadie más amante de bucear entre la gente, de discursar improvisando, riendo y llorando con ella que el exsindicalista tornero.
La revelación de que ya ha advertido a su mujer, Marisa, que no piensa morir en casa sino en brazos de sus gentes, la hizo la semana pasada en los Estados Unidos donde había participado a la Conferencia anual de la UAW, el mayor sindicato del automóvil de aquel país.
Lula no suele lanzar sus revelaciones al acaso. Suelen ser bien estudiadas, aunque puedan parecer improvisadas.
Esta vez también su afirmación en los Estados Unidos adquiere un valor especial. Se cumplen ahora diez años de gobierno de su partido, el Partido de los Trabajadores (PT) de los que él lo protagonizó durante ocho años y dos su candidata Dilma Rousseff.
Este será un año decisivo para que Dilma pueda ser reelegida en 2014. Lula que es un político de raza, sabe muy bien que con la economía patinando, como lo ha estado el 2012, pueden existir sorpresas a la hora del voto.
Lula con su partido ha decidido celebrar durante este año más de una docena de conferencias sobre el “proyecto de gobierno del PT”, el ya realizado en estos diez años y el que desea perpetuar en el futuro por considerarlo exitoso. Y él será el protagonista de esos actos.
El PT sabe que no seguirá en el poder sin Lula y éste sabe que Dilma necesitará tanto para reelegirse como para continuar firme en su segundo mandato, de su ayuda concreta.
Lula entre la gente (2)
Para disipar los rumores de que Lula aún sueña con ser candidato el año que viene, ha decidido que este año recorrerá el país para “defender su legado” y para ayudar a “reelegir a Dilma”. Y lo recorrerá en parte, junto con ella, llevándola de la mano entre la gente, ya que Lula siempre ha defendido que es así, sintiendo de cerca la piel de la gente, como se ganan las elecciones.
La confesión de Lula a su mujer de que no piensa morir en casa, sino en el frente, en la calle, entre los que lo consideran un padre y un mesías, significa un mensaje a la oposición para indicarles que no se va a jubilar de la política, ni siquiera de la política activa.
Les dice que seguirá haciendo política , no sólo desde su Instituto de São Paulo,sino en la calle. Hace días Lula ironizó, refiriéndose, al parecer a los magistrados del Supremo, de los que trabajan “encerrados en sus despachos con aire acondicionado”.
Por ello, su confesión suena también como un mensaje a los jueces y fiscales que podrían tener la tentación de intentar involucrarlo en el escándalo del mensalão que ha acabado empañando la imagen de su partido acusado de haber sobornado en 2003, al Congreso para conseguir la mayoría de gobierno.
Estaba anunciada, en efecto, para hoy, el envio por parte del Fiscal General del Estado, Roberto Gurgel a los fiscales de Sâo Paulo, de las acusaciones del empresario Marcos Valerio, condenado a 40 años por el Supremo, según las cuales Lula habría sido el responsable del esquema de corrupción el cual habría además sufragado sus gastos personales.
Al no tener ya Lula foro privilegiado no podría hoy ser juzgado por el Supremo sino por un juez de primera instancia.
Ahora los fiscales de Sâo Paulo deberán decidir qué hacer con dichas acusaciones contra Lula. Todo hace pensar que serán archivadas. Ni siquiera en 2003, cuando explotó el escándalo, ni la justicia ni la misma oposición se atrevieron a incluir en el proceso al expresidente.
Lula entre la gente (3)
Lula ya ha advertido que él ha sido “absuelto por las urnas” ya que el pueblo lo había votado para un segundo mandato después del escándalo y había votado a la candidata de su partido para sucederle.
Y, en realidad, fue el miedo a la reacción popular lo que llevó a la oposición entonces a no insistir sobre la posibilidad de que Lula fuera procesado. Y hoy Lula teme aún menos a la oposición que se encuentra desarmada, dividia, debilitada y desorientada.
Ahora, que nuevas denuncias salen a la luz, Lula desea de nuevo presentarse ante el juicio popular. Quiere volver a entregarse en brazos de la gente, seguro de que la calle no va a permitir que sea juzgado. Y hasta les dice que le gustaría un día morir entre sus brazos y no en la cama.
Tan metido está Lula en la política activa, que sus asesores han anunciado que este año se va a encargar de organizarle a Dilma las relaciones institucionales con los diez partidos que apoyan sus gobierno algo que él cree que debería ser reforzado.
Y le ha dado a Dilma, su pupila, una serie de consejos para ayudarla a reelegirse.
Le ha dicho que tiene que “hacer más política” y no sólo “gestión” en el gobierno. Ha llegado a decir que haría falta “una Dilma de Dilma”, es decir una que se encargase de la gestión y la otra de la política.
Le ha aconsejado, y se lo ha dicho ayer desde los Estados Unidos, que debe “escuchar más a los sindicatos”. Una de las acusaciones que el PT hace a Dilma es que escucha y recibe más a los empresarios, preocupada con el crecimiento de la economía que a los sindicatos.
Le ha aconsejado que dialogue más con el Congreso y con sus ministros que a veces se quejan de “ser olvidados”.
Y por fin le ha aconsejado que “viaje más dentro del país” y que se acerque más a la gente.
Son consejos que Lula experimentó durante sus ocho años de gobierno y que le dieron buenos resultados.
Claro que cada uno es cada uno, cada político tiene su estilo. Dilma está, y lo dice, agradecida a Lula que la llevó a la Presidencia. Reconoce que ha sido el presidente quién ha revolucionado al país y le escucha todo lo que puede.
Lo que no sabemos es hasta qué punto la exguerrillera, a la que no le falta personalidad propia, querrá seguir y hasta qué límites el guión que le están haciendo Lula y su partido.
Entre los analistas políticos esa es la pregunta del millón.
Dilma y Lula  hoy